Momentos de Espera
Llevo en mí, ahora, una pequeña herida en el pecho, y no sé si has sido tú, Cupido, el que me mandó su flecha, para que siga enamorada de la vida.
No sé si debería tener más miedo
o más tristeza
o si tú, portador del amor, me has elegido como a muchas de nosotras
para enamorarnos de aquello que hemos dejado de tener:
la salud, el pecho, el pelo, la fuerza.
Es una situación desequilibrante para todos los que te quieren
y a los que quieres tanto.
El lugar de las cosas se desconoce
y el lugar de las palabras se localiza con tal emoción en tu mente
que los días pasan sin saber la verdad.
Pasan entre salas de espera con gente desesperada y esperanzada,
con ganas de que todo brote de nuevo.
Pasas las horas mirando a tu hijo, sus ojos, su boca
y temiendo que haga aquella pregunta que ahora menos que nunca
sabes cómo contestar.
Mirando a tu madre
cómo va a superar más. A tu pareja por si ya no ve en ti la mujer bonita que eras,
a tus hermanos pensado qué hay detrás de todas sus palabras de ánimo que sienten, cuánto sufren.
Y mientras vives y solo de eso pareces preocuparte
vas envuelta en una nube de sentimientos que suben y bajan
que bajan y suben.
Momentos de espera...
Se habla continuamente de días y horas
de defensas que suben y bajan
de grados y de gravedad.
Y de repente alguien mira tu pañuelo
y quiere saber dónde puede encontrar uno
que sea de tantos colores y sea tan animoso.
Alguien que todavía no tiene la cara gris ceniza
que tiene una pareja a su lado que no está cansada de esperar resultados
y sonríe.
Son los colores, las sonrisas
las que trasmiten valor y esperanza.
Son los niños que con su inocencia
se pasean por pasillos llenos de temor
que con sus pasos hacen sonreír y
llenan los espacios desconsolados con una pizca de ilusión.
Momentos de espera...
Decides que puedes tú sola y cargas tu bolso, un libro, música, algo para escribir, tu móvil, con ganas de pasar el rato contigo misma.
Decides que hoy será igual que el último día en que te invitaron a desayunar después de los análisis y resulta que no hay tickets
ese en el que un amigo se presentó por sorpresa y te regaló unas gafas de sol.
Que las cosas que hagan los demás por ti sean muchas
y estén llenas de cariño.
Pero no eres tú quien decide
son los días con sus diferencias y sus sorpresas son las personas con sus propias vidas
y no siempre eres tú con la tuya propia.
Y después del café que te tomas sola en la cafetería,
llena de gente que no ha decidido pasar el día consigo misma sino en compañía
te das cuenta de que echas de menos a la persona que te dijo
¿Quieres que te acompañe?
Me gustaría estar a tu lado.
Y te das cuenta de que no vas a ser siempre el centro de todo
solo porque estás enferma.
Y con ello recuerdo el momento que decidí vivir sola alejada de mis padres para prepararme ante la vida.
¿Por qué nos obligamos a cosas que puede que la vida nos ofrezca igualmente?
¿Por qué y por qué me pasa esto a mí y a ti que tenemos tanto empeño en vivir y ahora que lo tenemos?
No sé, pero este mundo del que tanto he dudado y que he visto tan feo en muchas ocasiones
que he intentado imaginar más bello miles de veces
este mundo lo quiero para mí y no lo pienso soltar.
Momentos de espera...
Estamos todos esperando el despegue del avión,
no sé si hay huelga indefinida, si hace mal tiempo o
si el piloto se ha ido de vacaciones
y solo quedan las azafatas para servirnos un café que nunca llega.
Lo peor es que no nos vamos de vacaciones.
Por el contrario, nos espera un tiempo de permanencia obligada
en la misma sala de espera.
Nos encontramos los mismos aquí dentro y pasará
exactamente lo mismo con nuestras tarjetas de embarque.
La hora de salida no está calculada con algún tipo de criterio,
no está pensada para que llegues y salgas volando.
Nos da tiempo a vernos las caras una y otra vez,
a pensar quién estará el próximo día en esta sala y no quiere estar,
quién estará y ni siquiera puede imaginarlo.
Momentos de espera...
Como todo lo que hago, que lo empiezo y no lo acabo,
he tenido hoy muchas ganas de dejar estos momentos de espera
y he salido por la puerta principal con mi melena al viento
en busca del barco que haga cambiar el rumbo, levantar
el vuelo y soñar junto a mentes distintas
con órbitas diferentes
(ahora tengo ganas de oír música).
Momentos de espera...
Cuando te dicen te quiero
y no queda pelo en tu cabeza
tu cuerpo pierde esplendor
y tus ojos el brillo de la salud
ya no parece un te quiero de hombre
ya no sientes, aunque lo deseas más que nunca,
que pueden ver en ti a una mujer
una para pasar el resto de su vida.
¿Te verán entonces como un ser al que cuidar
para el resto de sus días?
Y es entonces cuando se acaba la ilusión
de que alguien pierda la cabeza por ti
de que alguien que dice que piensa en ti
lo haga porque le vuelves loco.
Y tienes ganas de pasión
y no de compasión.
Tienes ganas de acabar con los que te conocen
y que allá donde tengas que ir
nadie sepa que te tocó el mal, nadie sepa que ya no eres del todo natural.
Momentos de espera, otro día...
Déjame que te explique
que esto que tengo por corazón
es un dulce melocotón,
que no quiero estar aquí entre paredes grises
con personas tristes,
que quiero soñar y tenderme junto a ti
mirando al mar
sin nada en que pensar
y nadar entre los peces sin miedo,
flotar junto a ti
y de tu mano dejarme llevar.
Déjame que te explique
que necesito respirar
pero cogiendo de veras aire
y sintiendo que lo puedo soltar.
Llévame junto al mar
pisando la arena y mirando
el horizonte
aunque no lo pueda alcanzar.
Momentos de espera, otro día.
Cómo nos cansa la vida
cómo nos mantiene cansados
cómo nos hace llorar
cómo me cansa la vida cómo me pierde…
Momentos de espera.
Qué poca fuerza tengo,
hasta la punta de mis dedos me duele.
Cuando camino se arrastra mi cuerpo
y yo levanto la cabeza para que no se note.
Mi corazón y mi mente funcionan a cámara lenta
con mis fuerzas ya no quiero discutir
solo guardo dentro
para cuando tengo energía poder decir.
Recuerdo ahora, que solamente me queda una,
cómo caminaba al principio de esta carrera
y miro ahora atrás para poder ver cómo era
y cuánto he recorrido ya.
Momentos de espera, como hormigas.
Se desploma la vida
como lo hace la de una hormiga.
Por un pie que te aplasta,
un líquido que te deja sin respiración
un levantamiento de tierra del que nadie te avisó.
Se te acaba la vida y no tiene en cuenta tu esfuerzo por vivirla,
lo despacito que has tenido que ir para conseguir ese trocito de pan,
lo cansado que ha sido hacer tu hormiguero
y elegir el lugar para él.
Sin tener en cuenta lo contento que estabas con tus hijos
y tus proyectos.
Se te detiene al igual que a ellas, las hormigas,
se les para el ritmo,
y nos descolocamos si al seguir nuestra fila
algo nos hace cambiar el paso.
Somos pequeños para el universo y nos creemos muy grandes en el nuestro.
Momentos de espera, soplar y soplar.
Ser voluntaria significa tener voluntad, pues no te reciben haciendo una ola, con globos y a la hora justa.
Tienes que sentarte en una sala que no tiene ni una pizca de sol,
tienes que quedarte sin minutos que son para ti tan importantes
y en estos momentos mucho más.
La doctora con su sonrisa te dice que ahora pasarás
pero cuando ya te lo han hecho otras veces, su sonrisa deja de gustarte.
¡Voluntad y paciencia!
Tan poca como tengo y me dedico a gastarla
porque mi corazón siempre va por delante.
Este corazón me pierde,
suerte que siempre pienso
que otras lo hicieron por mí, tal vez.
Momentos de espera...
Ya queda poco para que se acaben los días más grises
y empiecen los días llenos de luz.
Ya queda menos para dejar de maltratar este cuerpecito de primera
y empezar a dejar que me protejan los dioses, las personas, los amores y el mar
Ya hay pelo en mi cabeza y se asoma el vello en mis cejas.
Ya empiezo a sentirme libre.
Puedo caminar sin que nadie me acompañe
y puedo empezar
poquito a poco, pero empezar.
Hoy ha salido el sol y he sonreído otra vez más.
Gracias.
Gracias por haber resistido el dolor que una madre sufre al ver enfermar a su hija y por permitirme no tener secretos contigo.
Gracias por haber sonreído al ver a tu madre
como una superheroína sin pelo,
por dejarme ver tal como era y notar que no te importaba.
Gracias por no llorar al verme, aunque yo te lo pedía a gritos
y por resistir todo este camino conmigo.
Gracias por tu optimismo, por las charlas de cada miércoles
y por tenerte siempre, siempre a mi lado.
Gracias por todos y cada uno de los regalos
que han hecho que este periodo de tiempo sea mucho más agradable.
Gracias por cogerme el teléfono y hablar sin conocerme
y por no decirme aquellas cosas que tú ya sabias que me pasarían.
Por enseñarme tus fotos y ver que todo es hermoso.
Gracias por ser tan bonita y fuerte
y por escribirme lo más hermoso que nunca me dijeron.
Gracias por hablarme de otra cosa que no fuera yo.
Gracias por cuidar de mí como de una niña, aunque solo fueran dos noches, y por hacerme entender que el mundo no está siempre pendiente de mí.
Gracias por tu impulso de dolor al verme sufrir
y por las palabras que no dices.
Gracias por llorar muchísimo cuando me viste por primera vez
y por tener el coraje de no llorar cuando me volviste a ver.
Gracias por hacerme pensar en ti cada día
y por entender el miedo que tenías a morir.
Gracias por esa fiesta de cumpleaños
que yo no tenía fuerzas para preparar.
Gracias por aguantar mi mal humor
cuando perdía las fuerzas.
Gracias por el tintineo de los ángeles que me recuerdan
tu palabra preferida «Estupenda».
y por querer tanto a un amigo.
Gracias por enseñarme tus pechos y darle esperanzas a mi futuro.
Gracias a las que se han recuperado y siguen siendo bellas.
Gracias por llamar desde tan lejos tantas veces
y por pedirme perdón.
Gracias a todos los que me han mirado a los ojos cuando yo casi apenas podía hacerlo.
Gracias por dormir a los pies de mi cama.
Gracias a las manos de quién toco mi mal y lo ha hecho casi imperceptible
y a ella también por hacer sentir que estaba acompañada en mi preocupación
por la estética.
A los «tq» y los «Te quiero».
A Facebook por unirme a gente que me ha alegrado la vida.
A los viejos amigos que han aparecido para estar junto a mí.
Y a los de siempre, que han pedido a su fe mientras viajaban.
Gracias por no dejarme sola y por dejarme estar sola.
A la fe y a las buenas vibraciones.
Gracias a los que no han sabido qué decirme
pero han dicho mucho.
Gracias a las «terapias alternativas» y a las pastillas que han ayudado a soportarlo.
A los indios y a los amigos de los indios.
A todos los trabajadores del hospital, que me han tratado como a una princesa.
Gracias por el perfume que ahora me acompaña.
Gracias a la mujer que por una buena intuición me salvó la vida.
Gracias por los bocatas de jamón que sustituían el veneno por placer.
Gracias a todos por verme bonita y decírmelo
y por no verme tan bonita y no decírmelo.
Gracias por dejarnos algo tuyo durante tantos meses y decir que no lo necesitabas.
Gracias por hacerte fuerte y darme la alegría de poder verlo
y por la confianza que tienes ahora en ti. Por ser mi mejor amiga.
Thanks.
Gracias por no tratarme como a una enferma.
Gracias por tener la oportunidad de ser besada por gente que nunca lo hubiera hecho.
Gracias por darme paz, por cultivar mi paciencia, por hacerme ver el valor de la alegría, por demostrarme que existo y que puedo seguir existiendo.
Imatge de xaviandrew en Pixabay