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Proyecto y construcción (1969-1971)

En un campo de cultivo

Hasta 1972 la Seguridad Social sólo tenía en Cataluña un gran hospital de referencia, el actual Hospital Universitario Vall d'Hebron, entonces llamado Residencia Francisco Franco, y tres hospitales más en Girona, Lleida y Tarragona.

La cobertura asistencial en aquel momento era muy deficitaria, y más si tenemos en cuenta el fuerte crecimiento de la población como resultado de la inmigración de los años sesenta, en especial en Barcelona y su cinturón industrial.

La construcción de un nuevo hospital en el área metropolitana era una necesidad para poder atender a toda esta población.

L'Hospitalet de Llobregat era uno de los municipios que más población nueva había recibido y su ayuntamiento demostró una clara visión de futuro, hecho que facilitó el camino para construir un centro sanitario dentro de su término municipal.

Unos años más tarde, las instalaciones se ampliarían, también a propuesta del ayuntamiento, con la construcción de un hospital oncológico, el actual Duran i Reynals.

Los terrenos en los que se decidió edificar el hospital eran una excelente tierra de cultivo, como tantas del Delta del Llobregat, pero por el mismo motivo también era un lugar abierto a los vientos, que facilitaba el estancamiento de aguas y con una cierta insalubridad. Unos terrenos que ya habían sido tanteados para construir en ellos un estadio para el Español.

Los terrenos se compraron a los propietarios, muchos de los cuales no los explotaban directamente, sino que tenían arrendatarios que fueron indemnizados.

Tras algunas negociaciones e insinuar la posibilidad de una expropiación, los terrenos se compraron a 18 pesetas el palmo cuadrado. En total, 78 millones de pesetas del año 1969.

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Un hospital contra reloj

La construcción del Hospital, encargada a la empresa Dragados y Construcciones, se inició a mediados de 1970 y fue una de las grandes obras de aquellos momentos, junto con la Universidad Autónoma de Barcelona, en Bellaterra.

Trabajó en las obras una plantilla de 700 personas, de las que 500 eran obreros y 200 técnicos. La jornada de trabajo de los obreros era de más de 10 horas diarias, pagadas a 40 pesetas la hora, en unas condiciones de trabajo difíciles que provocaron algunos accidentes importantes.

Las presiones para que se finalizase el Hospital cuanto antes comportaron un endurecimiento de las condiciones de trabajo, hecho que motivó demandas de mejoras laborales de los trabajadores que acabaron en huelgas y que tuvieron como respuesta la intervención de la policía y los primeros despidos.

Las presiones de la Administración a la constructora para que la obra no se detuviese terminaron en una negociaciones en las que los trabajadores obtuvieron una mejora salarial, la posibilidad de tener una representación sindical para tratar los despidos indiscriminados, un plus por trabajar en altura, y la construcción de baños, duchas y un comedor semisubvencionado.

En cambio, no se consiguió el derecho a hacer vacaciones ni el pago de los días de huelga. Estos sucesos sirvieron de estímulo a la solidaridad entre los trabajadores de la obra y también para los trabajadores de otras empresas.

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Arquitectura vertical

La disposición vertical característica del Edificio Príncipes de España no es una arquitectura exclusiva, sino que responde a un patrón común de los edificios impulsados por el Instituto Nacional de Previsión, como el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona o la Residencia La Paz de Madrid. Un planteamiento arquitectónico que hoy, vistas las necesidades sanitarias, ha sido abandonado, ya que dificulta los desplazamientos del personal y de los usuarios y, sobre todo, los traslados de los enfermos, y se establece una excesiva dependencia de los ascensores.

El nuevo Hospital presentaba una imagen externa moderna y un lujo mesurado con mármol en el amplio vestíbulo de entrada. También eran innovadoras y con un diseño atractivo las unidades de hospitalización circulares con control central, que facilitaban la asistencia a los pacientes.

Con el tiempo, sin embargo, los espacios resultaron demasiado reducidos, con poca luz natural y con demasiada actividad para el descanso de los enfermos. Las posibles condiciones adversas que pudiese haber al principio se minimizaron con el esfuerzo y la disponibilidad de los profesionaes, que consiguieron un alto grado de eficacia asistencial.

La economía en los medios y en la utilitzación de materiales de bajo coste y, por encima de todo, las prisas para finalizar la construcción provocaron algunas deficiencias en las instalaciones. Las zonas más afectadas fueron la cocina, la lavandería, la cubierta y las instalaciones de servicios (conducciones de agua, instalación eléctrica, etcétera).

Las dimensiones de algunos espacios demostraron con el tiempo sus limitaciones, en especial en las antiguas Consultas Externas, Urgencias y la cocina. También se previeron pocas dependencias para usar como despachos del personal, que tuvieron que construirse posteriormente.

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