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Información corporativa

Unos primeros años difíciles (1973-1974)

Se buscan enfermeras

Las dificultades para encontrar enfermeras tituladas persistía, a pesar de los esfuerzos de la Sra. Enriqueta Ramos, directora de Enfermería, que incluso llegó a ir a captar profesionales directamente a las escuelas de enfermería. El problema principal eran los turnos de doce horas en días alternos y los turnos de noche, además del hecho de que el hospital no disponía de buenas comunicaciones.

Finalmente llegaron enfermeras de tercer y segundo curso de la Escuela de Enfermería de Valle de Hebrón, que se alojaron en una planta vacía del mismo hospital, puesto que la Escuela de Enfermería todavía no estaba acabada. Después se incorporaron enfermeras en comisión de servicios procedentes de Zaragoza, que ya se pudieron alojar en la Escuela de Enfermería.

Por último, llegaron practicantes que tuvieron que hacer de enfermeros. El Hospital de Bellvitge fue uno de los primeros de la Seguridad Social en contar con hombres entre el personal de enfermería, hecho que facilitó la cobertura de los turnos nocturnos.

Con el tiempo se dispuso de un edificio propio, financiado por la Seguridad Social, como escuela femenina de ATS, que funcionaba en un régimen de alumnas internas y externas.

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Cuando llegar era una odisea

Al principio sólo se podía llegar al Hospital en coche o en un autobús de la línea PR que paraba al otro lado de la autovía de Castelldefels. Entonces, había tres posibilidades para llegar al Hospital: cruzar la autovíaa toda prisa, pasar por un desague de 1,30 m de altura, o pasar por un paso subterráneo que siempre solía estar inundado.

A causa de las quejas insistentes, en especial del equipo de enfermería, el autobús llegó hasta el Hospital. Pero antes de entrar en el vestíbulo del Hospital todavía había que vencer otro obstáculo, tanto para los que llegaban en autobús como para los que llegaban en coche particular: puesto que no todos los accesos estaban asfaltados, cuando llovía había que superar las zonas enfangadas.

Una anéctoda explica que se hizo cambiar el sentido de circulación de una de las pocas calles asfaltadas para ahorrar al ministro Licinio de la Fuente el paso por una calle enfangada.

Progresivamente se fueron asfaltando los accesos al Hospital, al tiempo que la consolidación urbanística de la zona permitió mejorar notablemente las comunicaciones.

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Entre las novedades y la lucha del día a día

Una de las acciones más destacables del primer equipo directivo fue la definición de un organigrama de servicios mixtos médicos y quirúrgicos por patologías concretas, donde el jefe de servicio era el cirujano, y el especialista médico era el jefe de sección. La idea era levantar un hospital diferente, que fuese básicamente quirúrgico.

Así, se crearon los servicios de Patología del Aparato Locomotor, Patología Digestiva, Patología del Sistema Nervioso, Patología del Corazón, Patología Torácica, y Patología del Aparato Circulatorio. Cada uno de estos servicios asumía todos los aspectos diagnósticos, médicos y quirúrgicos de la patología que le era propia, con el cirujano como responsable último.

Este organigrama, que era innovador en el contexto de los hospitales públicos de ese momento, que solían estar muy jerarquizados, comportó algunos problemas organizativos que hicieron que servicios como el de Patología Digestiva o Patología del Riñón se dividieran en dos. La separación definitiva de todos los servicios no se produjo hasta los primeros años de la década de los ochenta.

Otra de las primeras labores de la Dirección fue la creación de un archivo único y centralizado. Desde los inicios, el Hospital contó con un equipo de azafatas que facilitaba información a los usuarios y también se hacía cargo de las relacions públicas del centro. También las camas escogidas para el centro fueron innovadoras porque se incorporó un dispositivo de goma para evitar el roce con las paredes.

A pesar de los esfuerzos para ir abriendo progresivamente todo el hospital, a base de adecuar correctamente las instalaciones y de encontrar el personal cualificado suficiente, el Ministerio no estava lo bastante satisfecho y presionó para que de manera inmediata se hiciesen efectivas 700 camas. Ante la insistencia del ministro Licinio de la Fuente, que no aceptava ningún tipo de excusa, el Dr. Bartolomé se vio obligado a presentar la dimisión.

El sustituto del Dr. Bartolomé fue el director del Hospital La Fe de Valencia, el Dr. Evangelista, que se rodeó de profesionales de su confianza. La Administración le había escogido porque era hombre de reconocido prestigo y porque se pretendía reconducir la situación de un centro que, por la juventud del personal y su compromiso social, se mostraba activo y crítico.

El primer cambio fue nombrar una nueva Dirección de Enfermería y el establecimiento del horario rotatorio, en funcionamento en otros hospitales públicos españoles, intento que fracasó ante la oposición del personal.

En 1974 una tormenta de granizo agujereó el techo del edificio, causó importantes daños en la infraestructura y provocó una inundación, hechos que originaron una huelga en demanda de mejoras en las instalaciones y en las condiciones de trabajo.

Era un tiempo en el que en la calle también se vivían momentos de creciente conciencia social y política. En ese clima de movilización llegó el Dr. Otaolaorruchi y, al poco tiempo, el Dr. Evangelista dejó la dirección del hospital en sus manos.

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